
¡Amor mírame, soy un ave, quiero ser un ave! –mueve sus manos entre el mar como las gaviotas-
-Sonrisa- ¿Ave?
¡Si! –Gritando- En mi otra vida, en la reencarnación, seré un ave.
¿Tú también serás un ave mi amor?
-Mirándola a los ojos- Si serás un ave yo también lo seré.
-Besos-
Ella era una chica de 17 que llego a pasar el verano a un pueblo cercano a su ciudad junto con sus padres, el, un chico de pueblo, trabajador, sencillo, sin sueños ni anhelaciones, sin nada más que moviera su vida que solo cuidar a su padre ya algo enfermo, su días se iban así, cortando madera, trabajando a reventar por solo medio dólar la hora que para él era su suficiente.
Se conocieron, se enamoraron y los padres de ella los separaron a base de mentiras y cosas ocultas.
Durante 7 años todo fue espera para ellos, después de haber estado juntos, de haberse dado todo y después perderse y tomar cada uno su camino aun existía una promesa viva que los mantenía unidos a distancia, esa vieja casa en la hacienda a las afueras del pueblo, a un lado del lago, donde estuvieron juntos por primera vez, la cual el prometió arreglar para ella.
7 años después.
¡Qué hermosas! ¿Se quedarán mucho tiempo?
Se supone que ya hace semanas deberían de haberse ido, como en aquel verano así como llegaron se irán, regresarán al lugar donde pertenecen…
Las aves migraron como cada temporada y ella se quedó.
A.





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